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PLANTA BAJA
LA COLECCIÓN ARQUEOLÓGICA DEL MUSEO ANAHUACALLI
La colección arqueológica que alberga el Museo Diego Rivera-Anahuacalli, está compuesta por más de 50 mil piezas prehispánicas, de las cuales sólo se exponen 2 mil. Sobresalen, por su abundancia y simbolismo religioso, las provenientes del Valle de México, seguidas por las de Occidente, las más originales y distintas de Mesoamérica. También destacan las del Golfo de México -muchas destinadas al mítico juego de pelota- y las de Oaxaca, que se distinguen por su rico decorado.
Estas piezas fueron elaboradas a lo largo de 3 mil años de cultura prehispánica. Muchas fueron empleadas en rituales públicos y particulares, otras formaron parte de suntuosas ofrendas depositadas en tumbas o colocadas en recintos de culto. En ellas, se encuentran representados los acontecimientos importantes, las principales divinidades mesoamericanas, los mitos más presentes en la memoria colectiva y los aspectos de la vida diaria, tanto sagrada como profana, de los pueblos que nos dieron raíz.
Actualmente han sido sacados a la luz muchos objetos que descansaban bajo tierra. La tarea de explicarlos y conservarlos es muy grande y requiere de la participación de toda la sociedad. Por ello, y por la importancia y riqueza de este legado cultural, la labor de difusión es indispensable. Lugares como el Anahuacalli son, entonces, verdaderos santuarios del patrimonio nacional.
MESOAMÉRICA
La propuesta de nombrar Mesoamérica a toda un área geográfica y cultural fue de Paul Kirchhoff, quien en 1943, y a partir de los diversos rasgos culturales comunes de las sociedades prehispánicas, definió así a la zona.
1) Occidente de México: Zona tarasca y culturas de Jalisco, Colima, Nayarit, Michoacán, Guanajuato y Sinaloa.
2) Norte de México: Durango, Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes y parte de los estados de Zacatecas, Jalisco, San Luis Potosí y Tamaulipas.
3) Altiplano Central: Territorios de la Ciudad de México, el Estado de México, Morelos, Tlaxcala, parte de Puebla e Hidalgo.
4) Costa del Golfo: Huasteca -San Luis Potosí, Hidalgo, Tampico y Veracruz-, el Totonacapan -centro de Veracruz- y la zona olmeca -sur de Veracruz y norte de Tabasco.
5) Guerrero: Culturas de Mezcala y Yopitzinco.
6) Oaxaca: Áreas mixteca y zapoteca.
7) Zona maya: Sureste de México, Guatemala y Honduras.
8) Litoral sur del Pacífico: Sureste de Chiapas y Guatemala.
9) Periferia meridional de Centroamérica: El Salvador, parte de Honduras y la costa del pacífico de Nicaragua y Costa Rica.
CRONOLOGÍA DE MESOAMÉRICA
Hay pruebas que demuestran la presencia del hombre en Mesoamérica entre el año 30 mil y 20 mil a.C. Durante milenios, las comunidades nómadas vivieron de la caza, pesca y recolección. Posteriormente se organizaron en torno a la agricultura. Hacia el año 8 mil a.C., comenzaría la larga adaptación de plantas como el maíz, chile, jitomate, calabaza y amaranto. Las primeras sociedades agrícolas anteceden al esplendor mesoamericano, que abarcó las etapas conocidas como Preclásico (2500 a.C. a 200 a.C.), Clásico (200 a.C. a 900 d.C.) y Posclásico (900 a 1521 d.C.), hasta la llegada de los españoles al continente.
PERIODO PRECLÁSICO (2500 a 200 a.C.)
Preclásico Temprano (2500 a 1200 a.C.) Existen pequeñas aldeas agrícolas, donde se inicia el cultivo de plantas y el intercambio de productos entre poblados.
Preclásico Medio (1200 a 400 a.C.) Se conforman los primeros centros regionales, aumenta la producción alimenticia y la población. Con ello, inicia la especialización del trabajo y la división social, como sucedió en la cultura olmeca.
Preclásico Tardío (400 a.C. a 200 d.C.) El desarrollo cultural autóctono en distintas regiones permitió el progreso de la escritura, el calendario, los edificios monumentales y los centros urbanos.
PERIODO CLÁSICO (200 a 900 d.C.)
Clásico Temprano (200 a 600 d.C.)Las grandes tradiciones culturales alcanzaron su máximo esplendor durante este periodo, como las culturas de Teotihuacan y la zona maya.
Clásico Tardío (600 a 900 d.C.)Decaen algunos grandes centros urbanos y surgen otros.
Esta etapa se define por la magnificencia en el urbanismo, el arte y la arquitectura; la constitución de un poder centralizado; la prosperidad del comercio; la complejidad de los calendarios y de la escritura; el mejoramiento de las técnicas agrícolas; la división de clases compuestas por campesinos, artesanos, administradores, guerreros, sacerdotes y caciques; la producción de bienes de lujo; el intercambio regional dentro de una amplia red comercial; el surgimiento de un aparato burocrático para organizar este comercio y la herencia del poder por linaje o parentesco.
PERIODO POSCLÁSICO (900 a 1521 d.C.)
Posclásico Temprano (900 a 1200 d.C.)Surgen nuevas culturas en el Altiplano Central, herederas de las antiguas -como los toltecas. En la zona maya, la sede cultural y política se traslada de las tierras bajas hacia la península de Yucatán.
Posclásico Tardío (1200 a 1521 d.C.) Durante el apogeo de los imperios tarasco y mexica se sometió a numerosos territorios de Mesoamérica.
Este periodo se define por el predominio de nuevos centros de poder tras la caída de las grandes sedes del Clásico, por los movimientos migratorios en toda Mesoamérica, la aparición de grupos chichimecas del norte, la herencia del poder justificada por lo divino, los estados militaristas, la complejidad de rituales, ofrendas y ceremonias con sacrificios humanos; la adopción de la metalurgia y la existencia de documentos o códices.
ELEMENTOS ARQUITECTÓNICOS DEL MUSEO ANAHUACALLI
A.- TALUD TABLERO: Compuesto por un plano inclinado -el talud- y otro enmarcado entre dos pequeñas cornisas -el tablero-, esta forma de edificación se origina en Teotihuacan como una propuesta que transmite equilibrio y moderación.
B.- TEOCALLI: Es una estructura rectangular cubierta por un techo recto, rematado en la parte alta por un borde vertical. Se ubicaba en la parte más alta de los basamentos piramidales y era un lugar accesible únicamente para los sacerdotes o gobernantes, quienes, desde este punto, oficiaban sus ceremonias o se dirigían al pueblo.
C.- ARCO DE FALSA BÓVEDA MAYA: Este elemento recibe su nombre por las diferencias que presenta con el arco de medio punto o arco verdadero. La bóveda maya está construida de tal manera que el peso superior es soportado por las paredes laterales que le dan su forma.
D.- PILASTRA O COLUMNA DE SECCIÓN RECTANGULAR: Estas dos columnas alineadas de forma paralela, además de prestar soporte, permiten desplegar en la fachada un espacio de grandes proporciones. Así, se resta peso al edificio y se le otorga ligereza.
E.- ELEMENTO DECORATIVO QUETZALCÓATL: Además de su función estructural, las columnas son decorativas. Debido a su forma alargada y vertical, en ellas Diego Rivera recreó la representación de Quetzalcóatl con dos cabezas de serpiente emplumada en descenso.
EL TLACHTLI O JUEGO DE PELOTA
El juego de pelota es uno de los ritos más difundidos de Mesoamérica. Practicado desde el Preclásico hasta la llegada de los españoles, se efectuaba en canchas o tlachtli en forma de “I” y delimitadas por muros inclinados o rectos. Hacia el final del Clásico se introdujeron círculos de piedra colocados verticalmente que funcionaban como marcadores para delimitar el terreno de cada equipo.
EL PRECLÁSICO EN LA CUENCA DE MÉXICO: TLATILCO
Durante el Preclásico Medio (1200 a 400 a. C.), las comunidades de la Cuenca de México seguían dependiendo de la caza, recolección y pesca. Aun así, el número de aldeas se duplicó. Algunas adquirieron una complejidad social cada vez mayor y rasgos culturales propios. Ejemplo de esto fue Tlatilco, que se estableció como centro de su región. Tlatilco sobresale por la abundancia de objetos de barro que provienen, en su mayoría, de ricas ofrendas funerarias. Los pobladores de este sitio se asentaron entre los márgenes de los ríos Totolica y Hondo, y aprovecharon las tierras húmedas para la siembra. Tlatilco pudo haber estado dividido en dos grupos sociales, ya que se han encontrado dos tipos de viviendas. Las más comunes eran simples chozas de palos y barro. Las otras estaban cimentadas sobre una plataforma de terracota de pequeñas dimensiones. Posteriormente, la influencia olmeca enriqueció la cultura local con objetos fabricados en piedras preciosas, como la jadeíta y la serpentina.
SITIOS DEL PRECLÁSICO EN LA CUENCA DE MÉXICO
Durante el Preclásico, los principales centros del Valle de México fueron Copilco, Cuicuilco, Terremote, Tlapacoya, y Xico, en el Sur; El Tepalcate/Chimalhuacan y Temexco, al Oriente, y al norte, Ehecatepec, El Arbolillo, Ticomán, Zacatenco y Tlatilco. Ubicado en el actual municipio de Naucalpan (Estado de México), Tlatilco tuvo su apogeo entre el 1400 y 900 a.C.
FIGURILLAS DEL PRECLÁSICO EN LA CUENCA DE MÉXICO
Existen dos tipos de figurillas de barro: las relacionadas con la fecundidad de la tierra y las de la vida común. En las primeras predominan las representaciones femeninas de caderas anchas, con las extremidades extendidas, la cabeza recta al frente, desnudas o vestidas con una pequeña falda y sandalias.
El segundo grupo es más diverso, ya que retrata a hombres, mujeres, niños y ancianos en diversas actividades. Hay desde jugadores de pelota y contorsionistas hasta animales. En ambos casos se han encontrado restos de pigmento rojo y amarillo como decoración corporal. Estas figuras fueron recuperadas, en su mayoría, de entierros, lo que permite relacionarlas con el culto a los antepasados.
FIGURILLAS CON DOS ROSTROS O DOS CABEZAS
En estas piezas se plasman dos perspectivas, dos momentos, dos edades, dos caracteres en un solo cuerpo, lo que se ha interpretado como símbolo de dualidad.
MÁSCARAS
Las máscaras con rostros humanos, animales o seres fantásticos han sido manufacturadas desde épocas tempranas. La utilidad de estos objetos pudo haber sido diversa, como parte de ofrendas o ceremonias.
BOTELLÓN DEL ACRÓBATA O CONTORSIONISTA
Se cree que este tipo de vasijas personifican la vida cotidiana de los pueblos del Preclásico. No obstante también se ha sugerido que, en realidad, representan posturas de curanderos en trance.
FIGURILLAS DE PERSONAJES JOROBADOS
Las imágenes de individuos con malformaciones son muy comunes en la plástica mesoamericana. Sin duda muestran las enfermedades que acosaban a estos pueblos. Las deformaciones físicas eran asociadas con prácticas chamánicas. Aquí se muestran los efectos de una evidente cifosis, deformación vertebral o malformación de nacimiento.
VASIJAS DEL PRECLÁSICO EN LA CUENCA DE MÉXICO
Esta cerámica se encontró tanto en casas como en ofrendas. Por su forma y diseños se ha podido establecer su origen. Destaca la cerámica de dos colores -blanco/rojo, rojo/café, rojo/blanco- que pueden provenir de Tlatilco, de Zacatenco o incluso de El Arbolillo. En cambio, los recipientes de la cultura de Ticoman se caracterizan por su color pardo amarillento con dibujos triangulares en rojo. Los de tradición olmeca utilizan el negro o gris y representan garras de jaguar, cejas flamígeras o serpientes celestiales.
BOTELLONES MINIATURA CON DISEÑO DE GARRA DE JAGUAR
Con fuerte influencia olmeca, esta pieza muestra una decoración geométrica tipo “garra de jaguar”, asociada al culto del agua y, por lo tanto, al concepto masculino de fecundidad.
SELLOS DE CERÁMICA
Estos sellos, encontrados en depósitos de materiales desechados, han sugerido que los habitantes de este periodo tenían la costumbre de decorar sus cuerpos con distintos diseños, como parte de su indumentaria cotidiana o como práctica ritual. En cualquier caso, esta tradición refleja la creencia en la transformación en otros seres o animales.
VASIJAS CON FORMA DE ANIMALES
Los hábitos alimenticios de los pobladores de las zonas lacustres se ven reflejados en este tipo de vasijas que representan aves y peces. Se cree que estos objetos eran elaborados con significado mágico: evitar la escasez de alimento.
MOTIVOS DECORATIVOS AL INTERIOR DE LAS VASIJAS
Las vasijas del Preclásico se caracterizan por sus decorados geométricos -líneas quebradas, paralelas u horizontales. Sin embargo, algunas piezas muestran en su interior diseños que recuerdan formas naturales y hacen referencia al origen de la vida.
LA ESCULTURA EN EL POSCLÁSICO
Estas figuras humanas pertenecen a la tradición escultórica de la Cuenca de México desarrollada durante el Posclásico. Se caracterizan por sus posturas rígidas y sus formas simples. Sin duda expresan los rasgos étnicos de los pobladores que habitaron esta región del Altiplano. Además, las múltiples figuras y los relieves esculpidos reproducían divinidades y símbolos para conmemorar hazañas bélicas o consagrar templos. Es muy probable que tuvieran una función religiosa, debido a su parecido con los modelos encontrados en Tula y Templo Mayor.
PRINCIPALES SITIOS DEL PRECLÁSICO CON INFLUENCIA OLMECA
Las comunidades olmecas asentadas en la Costa del Golfo ocuparon un amplio territorio, entre Veracruz y Tabasco, conocido como Área Nuclear. Los sitios más importantes fueron San Lorenzo, Tres Zapotes y La Venta. Esta área mantuvo intercambios comerciales y culturales con otras partes de Mesoamérica.
Durante el Preclásico Superior, las culturas de Tlapacoya y Tlatilco coexistieron con algunos aspectos olmecas. Debido a su ubicación geográfica, la región de Chalcatzingo, en Morelos -que coincide con el auge de La Venta en Tabasco (900 a 400 a.C.)- pudo haber sido estratégico en el intercambio de productos del Altiplano y Guerrero hacia la Costa del Golfo. Este predominio olmeca es inexplicable en algunas regiones de Guerrero que darían origen a la cultura mezcala. En cambio, sitios como San José Mogote y Monte Albán, en Oaxaca, muestran que los rasgos olmecas se fusionaron con las tradiciones locales para crear nuevos estilos. Otros lugares donde también se percibe influencia de esta cultura son Chiapas, Guatemala y El Salvador.
EL ESTILO OLMECA
El estilo olmeca se distingue por sus símbolos -presentes en sus vasijas decoradas con motivos relacionados al jaguar, animal totémico- y por sus figurillas en jadeíta, serpentina y barro llamadas “baby face” y “hollow baby”. Estos personajes rollizos con formas infantiles hacen alusión al sacrificio de niños a las divinidades del agua. Muchas de estas figurillas manifiestan prácticas culturales como la mutilación dentaria, el tatuaje y la deformación craneana. Con los siglos, este tipo de cerámica mantuvo su prestigio. Algunos objetos olmecas fueron depositados en ofrendas en épocas muy tardías, como sucedió en el área maya durante el Clásico y, durante el Posclásico, en México-Tenochtitlan, donde se hallaron pequeñas esculturas de jadeíta en sitios del Templo Mayor.
VASIJAS DEL PRECLÁSICO
De este periodo se ha hallado una gran variedad de vasijas: botellones con formas de animales, plantas con rostros humanos; cajetes con aplicaciones de barro o con diseños repetidos a base de incisiones, y platos rectos con vertederas.
VASIJAS CON FORMA DE PLANTAS
Entre las vasijas, resaltan las de forma de calabaza. Se piensa que reproducen los primeros contenedores naturales utilizados para trasladar o almacenar tanto agua como semillas.
ORNAMENTOS CON FORMA DE CARACOL
Muchos objetos de origen natural fueron aprovechados como instrumentos musicales. Fue el caso de huesos humanos, calabazas, carapachos de tortuga, conchas y caracoles marinos. Estos últimos se emplearon como trompetas. También se reprodujeron en barro como pendientes o colgantes, tal como lo muestran estos ejemplares que, posiblemente, fueron usados por personajes de alto rango.
CAJETES TRIPODES
Aunque el surgimiento de este tipo de vasijas parece corresponder al Clásico teotihuacano, el origen de estas piezas es anterior. De estilo olmeca, corresponden al Preclásico en Michoacán y la Cuenca de México. Estos objetos presentan tres soportes que pueden tener forma de mama o de cono.
VASIJAS DE ASA ESTRIBO
Estas vasijas en forma de estribo constituyen uno de los estilos más singulares y tempranos de Mesoamérica. Al parecer son originarias de Occidente, aunque fueron ampliamente reproducidas en el Altiplano Central.
FIGURILLAS CON INFLUENCIA OLMECA Y DE TLATILCO
Los rasgos estilísticos de la cultura olmeca, junto con los de Tlatilco, fueron de los más divulgados en el Altiplano Central. Un ejemplo son las figurillas sentadas con las piernas abiertas al estilo original de la Costa del Golfo. Las que tienen influencia de Tlatilco provienen de distintos sitios de Morelos, donde se han localizado muchas aldeas preclásicas.
TEMPLO MAYOR
Templo Mayor no sólo fue el corazón religioso y político de los mexicas, sino el edificio piramidal más majestuoso de su tiempo (Posclásico Tardío). Esta construcción estaba basada en los mitos de la creación y era concebida como un modelo del cosmos:
A.- La plataforma donde se asentaba el edificio equivalía al nivel terrestre que cubría al inframundo.
B.- El cuerpo piramidal estaba compuesto por distintos módulos con escalones, que representaban los distintos niveles celestiales en ascenso.
C.- La parte superior, en donde se ubicaban los dos teocalli, correspondía a los templos dedicados a Tláloc -a la izquierda- y Huitzilopochtli -a la derecha.
El templo consagrado a Tláloc representaba al Tonacatépetl o “monte del sustento”, de donde -según el mito- provenía el maíz. El segundo templo simbolizaba a Coatepec o “cerro de la serpiente”, que -de acuerdo a la tradición- era el lugar de nacimiento de Huitzilopochtli.
EL ALTAR ESTILO TEMPLO MAYOR
En este altar, Diego Rivera colocó los objetos tal como se hizo en Templo Mayor, donde se reunieron piezas de distintas culturas. No obstante, el pintor las puso en un orden que va de lo divino a lo terrenal. Este altar presenta piezas elaboradas con distintos materiales -basalto, riolita y toba volcánica- y diferentes estilos -mexica y tolteca. Se trata de bloques, almenas, fragmentos de lápidas con representaciones simbólicas, clavos, esculturas, deidades y artefactos de uso común, como molcajetes. Los mexicas no anulaban las imágenes de las deidades de los pueblos que les rendían tributo, sino que las incorporaban a los altares de su templo principal, aunque a un nivel inferior a las propias.
DEIDADES DEL MAÍZ
Estas divinidades asociadas al culto del maíz podían asumir tanto características femeninas como masculinas. Así, existían Cintéotl o “dios del maíz tierno”, Xilonen -“mazorca de maíz” o “matriz de maíz”- y Chicomecóatl o “siete serpiente”. La fiesta que los mexicas dedicaban a Toci o “nuestra abuela” coincidía con el equinoccio de otoño y la época de las cosechas. En ella se honraban del mismo modo a las divinidades Cintéotl, Chicomecóatl, Chalchiuhtlicue, Atlatonan, Atlauhco y Chiconquiahuitl.
CINTÉOTL
Cintéotl lleva un tocado de mazorcas o plantas de maíz que cae sobre su nuca y espalda. Su rostro está pintado con rojo o amarillo. Su cabello también tiene una tonalidad ambarina. Este dios se representa con dos mazorcas de maíz en la mano. El punto cardinal que le corresponde es el occidente, considerado como tierra del maíz. También es la cuarta deidad de nueve que acompañan los signos de los días en el Tonalpohualli o “cuenta de los días”.
Cintéotl cuenta con su propio mito de creación. Según la leyenda, una vez bajo tierra -tal vez muerto-, Cintéotl hacía renacer algodón de sus cabellos, camote de sus dedos y, de sus uñas, una especie de maíz. Del resto de su cuerpo surgían semillas y otras frutas comestibles.
Se le festejaba en el mes Huey Tozoztli o “gran vigilia” junto con la diosa Chicomecóatl, con quien a menudo se le asociaba. Varios templos se levantaron en su honor. En la celebración se realizaban dos tipos de ofrenda: el sacrificio de un esclavo ataviado con los atributos de Cintéotl, el cual recibía el nombre de Cinteonazque, y la ofrenda de brotes de maíz o granos destinados a convertirse en la nueva cosecha.
ESCULTURA FEMENINA
El origen de esta escultura no ha sido identificado, ya que tiene características de distintas culturas. Se le ha relacionado con la cultura huasteca aunque su estilo no es típico de la región. Como la mayoría de las representaciones femeninas, a ésta se le asocia con la fecundidad, aunque su postura arrodillada parece indicar otras cuestiones aún no resueltas.
PIEDRA DE SACRIFICIO
Este monolito en forma de disco de amplio espesor parece corresponder a una piedra de sacrificio. Estos elementos arquitectónicos se situaban en lugares estratégicos o en lo alto de los edificios cívico-religiosos. Esta pieza tiene un decorado de grecas formadas por caracoles o chalchihuites, símbolos asociados al agua.
CHICOMECÓATL
Chicomecóatl significa “siete serpiente” y es otro de los nombres que recibían las deidades del maíz. Esta divinidad usaba una corona de papel sobre la cabeza. En su mano sostenía un mazorca y, en la otra, un artefacto con una flor de sol. Su falda y quechquemitl estaban adornados con flores acuáticas, por lo que su función primordial era la de hacer fructificar el maíz. El templo dedicado a esta deidad se denominaba Chicometeotl Iteopan; se le festejaba en el mes Huey Tozoztli o “gran vigilia” y se le ofrendaban alimentos preparados que disfrutaban todos los presentes.
Después de la celebración dedicada a Toci, se realizaba una serie de rituales que ensalzaban la figura de Chicomecóatl. Los sacerdotes encargados de estas ceremonias se vestían con las pieles de los sacrificados. Después subían a un templete y arrojaban semillas de maíz y calabaza a la gente reunida. Durante este mismo rito participan algunos adolescentes, quienes cargaban sobre la espalda siete mazorcas de maíz envueltas en papel y chorreadas de hule y de las que –se dice- se obtenían las semillas que servirían para la siembra al año siguiente.
LA ESCULTURA EN LA CUENCA DE MÉXICO
Al margen de las grandes reproducciones plásticas de la cultura mexica, existe un inmenso repertorio de esculturas en todo el Valle de México. Muchas de éstas representan humanos, animales o plantas. Estas piezas corresponden a la tradición cultural del Altiplano Central y a la estética propia de los pueblos de la Cuenca de México.
ESCULTURAS ZOOMORFAS
Aunque estos animales -serpientes, jaguares, ranas, tlacuaches- son ejemplo de un rico entorno natural, en el fondo representan símbolos que aparecen continuamente en mitos e historias. Tal es el caso del tlacuache, protagonista de varias leyendas.
ESCULTURAS ANTROPOMORFAS
La representación de personajes sentados, postrados y en otras actitudes es característica del Posclásico en la Cuenca de México. Se reproduce gente común y corriente en posturas habituales. La finalidad de estas figuras aún no ha sido esclarecida, sin embargo es posible que tengan un origen popular.
LÁPIDA NORTE
La mayoría de estos elementos arquitectónicos se empotraban en los edificios para conmemorar sucesos trascendentes, como hazañas bélicas o la remodelación de un edificio mayor. Esta pieza representa a un personaje sentado cargando un bulto valioso, muy parecido a los emblemas de las fechas calendáricas. El hombre porta, además, un bastón de mando en la mano izquierda y, junto a éste, emerge un elemento parecido a la lengua bífida de los reptiles que puede ser símbolo de una deidad.
LÁPIDA SUR
No se ha podido establecer el origen cultural de estas lápidas, aunque su estilo es muy parecido a las inscripciones de la Costa del Golfo durante el Clásico. Aquí se representan dignatarios de alto rango dentro de escenas míticas. En este caso, aparece un personaje sentado con un tocado similar al de un guerrero o jugador de pelota. Sin embargo es imposible obtener más datos ya que se trata de un fragmento en un conjunto mayor de piezas que conformaban un tablero o fachada.
EHÉCATL, DEIDAD DEL VIENTO
Se reconoce a la deidad del viento -Ehécatl- en códices y esculturas por la máscara de pájaro con el pico rojo, las orejeras de concha, el pectoral de caracol marino, la barba y el pelo de color amarillo, el gorro cónico y el ojo de muerto fuera de su orbita. Ehécatl es protagonista del mito de creación de las edades cosmogónicas. Según el relato, Ehecatonatiuh o “sol de viento” -también llamado Nahui Ehécatl o “cuatro viento”- se convirtió en sol. Los hombres que se alimentaban de la planta del mezquite fueron convertidos en monos y, debido a fuertes vientos, morían. Sobrevivió tan sólo una pareja que pobló nuevamente el mundo.
EHECATL-QUETZALCÓATL, DEIDAD DEL VIENTO
Durante el Posclásico, a esta deidad se le representaba también como Quetzalcóatl o “serpiente de plumas de quetzal”. Mientras como Ehécatl encarna la fuerza de la naturaleza, como Quetzalcóatl representa el “aliento vital”. Dentro del calendario ritual mexica, se le consideró como el señor del segundo signo del día Ehécatl o “viento” y regente del segundo periodo del Tonalpohualli o “calendario festivo”. Su punto cardinal era el oeste y su color, el blanco. Según un mito de origen náhuatl, Quetzalcóatl fue uno de los principales dioses creadores del mundo. Junto con Tezcatlipoca -“espejo que humea”-, desgarró a Cipactli o “gran reptil divino”, dividiéndolo en dos partes: con la porción superior se formó el cielo y con la fracción inferior, la tierra.
CULTURA TEOTIHUACANA EN EL CLÁSICO
Teotihuacan -palabra de origen náhuatl- significa “lugar donde uno se convierte en dios”. También conocido como Hueytihuacan o Ueytihuacan -“lugar donde se hacían señores”- en este sitio se elegían a los hombres que habrían de regir a los demás. El valle donde se asentó Teotihuacan tenía una extensión de 505 km2 de tierras ricas para la agricultura gracias a los flujos de los ríos San Juan, San Lorenzo y Huixulco.
En sus inicios fue una aldea de grandes proporciones (150 a 1 a.C.). Su población creció en un lapso relativamente corto, y pasó de 10 mil a 60 mil habitantes. Se calcula que llegó a albergar a más de 100 mil aldeanos en un área de 20 mil km2. Tal explosión demográfica pudo haber sido desencadenada por la erupción del volcán Xitle y el traslado de gran parte de la población de la Cuenca de México hacia el área teotihuacana. Para el Preclásico Tardío, las emisiones del Xitle cubrieron con roca fluida o lava varios kilómetros a la redonda y Cuicuilco dejó de ser el centro de poder en la región.
LAS VASIJAS TEOTIHUACANAS
Los vestigios arqueológicos han permitido comprobar la especialización de algunos talleres de alfarería dedicados a la producción de vasijas domésticas. Es el caso de una factoría encontrado en los alrededores de la zona urbana de Teotihuacan -donde se manufacturaban cazuelas y ánforas- y de otros locales situados a un costado de La Ciudadela -de donde procedían objetos rituales como los incensarios tipo teatro.
LA CERÁMICA “ANARANJADO DELGADO”
Este tipo de cerámica era traída del sur de Puebla y se constituyó como el más importante y prestigioso de Teotihuacan. Ha sido encontrado prácticamente por toda la ciudad, tanto en el interior de los palacios como en conjuntos habitacionales. Se utilizaba tanto en ceremonias y ofrendas funerarias como en el ámbito doméstico.
Son característicos de esta cerámica su color anaranjado, su ligereza y resistencia, cualidades que la hacen fácil de transportar a grandes distancias. Estas vasijas han sido encontradas en otras regiones mesoamericanas importantes durante el Clásico, en los actuales estados de Colima, Michoacán, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Morelos e incluso en Guatemala y Honduras. Los vestigios de esta cerámica han permitido reconstruir las rutas de comercio que establecieron los pobladores de Teotihuacan con otros pueblos.
VASIJAS EFIGIES
Estas vasijas en forma de jarras, vasos o vasijas-silbadoras son unas de las más finas de Mesoamérica. Han sido encontradas en distintas regiones, como Oaxaca, Puebla, el Occidente y Guatemala, y la mayoría provienen de entierros. Sus formas reproducen desde jugadores de pelota o personajes con dos aros en la frente –símbolo asociado a Tláloc- hasta jaguares, monos, perros y, en menor proporción, patos, tejones y jabalíes.
JARRAS TIPO TLÁLOC
La mayoría se ha encontrado en entierros y, en su tiempo, fue una cerámica muy demandada. Dependiendo de la complejidad de su decoración, se ha podido establecer la época en la que fue elaborada. Como rasgo común, todas las piezas representan a Tláloc, deidad de la lluvia. Esta presencia constante demuestra la enorme importancia que este pueblo -conformado por varias etnias- adjudicaba al agua como elemento vital.
ÁNFORAS
Estas vasijas han sido nombradas así por el parecido con las ánforas de origen europeo. La forma de este tipo de cerámica permite mantener fresco el contenido, y la disposición de las asas facilitaba su traslado mediante un lazo o mecapal.
FLOREROS
Debido a la forma alargada de su cuello y a su reducida boca, estas vasijas de pequeñas dimensiones reciben el nombre de floreros, aunque no se ha podido confirmar ese uso. Encontrados en entierros, su presencia disminuye considerablemente durante las últimas fases de Teotihuacan.
ANAFRES
Estos contenedores conocidos como “anafres de tres púas” tenían un uso cotidiano y fueron hallados dentro de conjuntos habitacionales. Por sus pequeñas dimensiones, se cree que fueron objetos de cocina portátiles.
PATOJOS
Reciben su nombre por su semejanza con el ave acuática y su parecido con pies o patas. Al parecer eran de uso ritual y, junto con floreros y copas, constituyen formas poco comunes en Mesoamérica.
COPAS
Nombradas por su aspecto, este tipo de vasijas teotihuacanas eran de carácter doméstico y funerario. La mayoría carece de decoración y tiene el mismo tamaño y forma, aunque algunas presentan la boca más amplia o una especie de vertedera. Parecen haber sido elaboradas para consumo local, ya que no han sido localizadas fuera del área urbana de Teotihuacan.
ALFARERÍA TEOTIHUACANA
Las arcillas de esta alfarería procedían de lugares cercanos. El barro era de origen volcánico, lo que le daba la coloración negra, café, crema, rosácea o grisácea características de la cerámica teotihuacana. Estos recipientes eran decorados con una compleja simbología geométrica y formas naturalistas. Con el tiempo, la cerámica teotihuacana tuvo gran demanda en toda Mesoamérica, por lo que la producción se masificó y se generalizó el uso de moldes.
OBJETOS DE PIEDRA
En esta vitrina se presentan figurillas humanas, elementos arquitectónicos -como una almena y un remate-, platos, vasos, cuencos y un plato miniatura. Tallados en materia prima no muy común -piedra de color verde, alabastro o tecalli de color blancuzco y piedra gris-, se piensa que estos objetos pertenecieron a personajes importantes y que sirvieron para algún tipo de ceremonia.
TLÁLOC, DEIDAD DEL AGUA
Tláloc es una de las deidades más antiguas y significativas de Mesoamérica. En el Altiplano Central era representado con anteojeras formadas por dos serpientes entrelazadas, cuyos colmillos se convertían en sus propias fauces. También era reverenciado como el señor del Tlalocan –“lugar de Tláloc”- hacia donde iban las almas de los ahogados, fulminados por un rayo o sedientos. Según el mito, se trataba de una región localizada al oriente, donde abundaba el alimento y cuyos habitantes parecían estar siempre contentos.
Asimismo, a Tláloc se le consideraba el señor de la tercera era cósmica llamada Quiauhtonatiuh o “sol de lluvia”. Cuenta el mito que esta época fue destruida por una lluvia de fuego, por lo que a Tláloc también se le relaciona con este elemento. Era patrono del séptimo día mazatl o “venado”, animal distintivo de la sequía. En códices y esculturas, Tláloc porta una máscara formada por serpientes y su ropa ostenta manchas de hule, que simbolizan gotas de lluvia.
TLALOQUES
Cuenta el mito que Tláloc encomendaba la lluvia a sus ayudantes, los tlaloques. Existían las lluvias de las buenas cosechas, las que las pudrían, las que causaban heladas y las que secaban las semillas. Estas lluvias se guardaban en cuatro vasijas, colocadas en los cuatro rumbos del universo. Cuando los tlaloques golpeaban las vasijas, producían los truenos y, cuando éstas se rompían, producían los rayos.
LA ANTIGUA CIUDAD DE TEOTIHUACAN
Teotihuacan, ubicada al noreste de la Cuenca de México, fue el complejo arquitectónico más grande de Mesoamérica. La distribución de sus edificios responde a una cuidadosa planificación urbana, réplica del orden cósmico. Destaca la composición talud-tablero, que podía repetirse para conformar edificios de varios cuerpos.
En el extremo norte de la Calzada de los Muertos, se edificó la Pirámide de la Luna que, en realidad, era un templo dedicado en honor a una importante deidad del agua y de la salud. A la izquierda de la avenida, se localiza la Pirámide del Sol, la construcción más grande de esta urbe. Edificada sobre una de las cavernas sagradas de un amplio sistema subterráneo, fue un reconocido santuario durante la época prehispánica.
LAS FIGURILLAS TEOTIHUACANAS
La larga tradición cultural de Teotihuacan (150 a.C. a 650 d.C.) permitió el desarrollo de numerosos tipos de figurillas. Destaca la vestimenta de las representaciones humanas. Los tocados podían ser de banda ancha o doble, en forma de cono, con fleco o con aros en la frente, con cuernos, cascos, gorros o yelmos, o incluso líneas texturizadas que semejaban tejidos de algodón o caña. Las cabezas podían representarse rapadas, con una banda de cabello transversal o con turbantes abombados. Los grandes tocados corresponden a la alta jerarquía. Los había simbólicos, como los de la triple gota, asociada a la lluvia; los divididos en cuadrados -relacionados a Cipactli con sus escamas de serpiente- y los de flequillos escalonados en tres o cuatro niveles, representando la mazorca del maíz. La diversidad de vestimenta y la presencia de materiales de distinta procedencia demuestran la pluralidad étnica que conformó a Teotihuacan. Incluso, se ha podido detectar la presencia de barrios que fueron habitados por comunidades provenientes de varias culturas como la del Golfo de México, Occidente, la región de Oaxaca y las propias del Altiplano Central.
ANFITRIONAS O HUÉSPEDES
Estas figurillas de torso hueco tienen una pieza removible que funciona como cubierta y pueden admitir una o varias figurillas pequeñas dentro. Posiblemente representen divinidades, personajes de cierto rango social o un grupo de personas consagrando un ofertorio, ya que estas piezas han sido encontradas en ofrendas.
ARTICULADAS O TÍTERES
Estas figurillas con perforaciones en brazos y piernas tenían sus cuatro extremidades unidas al resto del cuerpo mediante hilo o cordón. Están desnudas aunque tienen distintos ornamentos, como orejeras, collares y brazaletes. La mayoría representa mujeres, por lo que estas figuras pudieron haber sido utilizadas en rituales de nacimiento o en ceremonias de curación e, incluso, haber servido como juguetes.
RETRATO
Estas figurillas de cabeza triangular y aplanada reciben el nombre de “retrato” debido al realismo de sus rasgos faciales. Generalmente están erguidas y en movimiento, aunque también se han encontrado figurillas sentadas. Pudieran representar guerreros o danzantes, o probablemente personifiquen a un cierto grupo social.
ATADAS
Estas figurillas recostadas de espaldas, sujetas con bandas y a veces en una especie de litera pudieran representar niños envueltos o personas enfermas, aunque no se descarta que simbolicen a personas sometidas.
ENTRONADAS O ENTRONIZADAS
Contrario a lo que su nombre pareciera indicar, estas figurillas sentadas en una especie de silla o trono no representan personajes distinguidos, ya que sus atributos son muy sencillos.
HUEHUETEOTL, TLÁLOC Y ¿CHALCHITLICUE?
Todas estas figurillas representan deidades. Huehueteotl se relaciona con la deidad del fuego. Las figurillas de Tláloc llevan dos círculos sobre la frente. Sin embargo, estos elementos también son una variedad más en los tocados que presentan las figurillas teotihuacanas. El tercer tipo de piezas es representado con frecuencia en la pintura mural. El nombre de esta deidad femenina aún no ha sido determinado, pero, por sus atributos, se le asocia a Tláloc. Se piensa que a esta divinidad estaba dedicado el templo conocido como la Pirámide de la Luna.
XIPE
Estas figurillas guardan gran parecido con esta deidad ya que presentan la cara envuelta por dos bandas. La boca y los ojos se forman con incisiones circulares, como si se tratara de alguna especie de máscara. Este personaje ha sido considerado como predecesor de la deidad mexica Xipe Totec, sin que esto haya podido comprobarse. Tal vez se trate de un personaje asociado a cultos profanos o, incluso, al juego de pelota.
CABEZAS DE CORAZÓN
Dentro de las figurillas sin peinados o tocados -aunque con orejeras y collares- destacan éstas, las de cabeza en forma de corazón. Muchas representan mujeres ya sea articuladas, anfitrionas o embrazadas. Se cree que este tipo de cabeza puede representar algún peinado o deformación craneana, o más probablemente una especie de linaje antiguo.
OREJERAS
Estos ornamentos fueron muy utilizados por distintas clases sociales e, incluso, por deidades. Mientras más grandes eran las orejeras más importantes eran los personajes. La mayoría de estos ornamentos eran tubulares con frente redondeado, aunque también los hay de forma espigada. Elaborados en una amplia gama de materiales, los hay de barro, hueso, concha y piedras preciosas.
FRAGMENTOS DE PINTURA MURAL
Como su nombre lo indica, éstos son pedazos de argamasa que servían como recubrimiento o acabado en los muros. Encima de ellos se realizaban pinturas al fresco con motivos simbólicos. La mayoría de los murales se ubicaba alrededor de los edificios monumentales de Teotihuacan o se encontraba al interior de los principales complejos residenciales, como Tepantitla, Atetelco, Tetitla y La Ventilla.
CANDELEROS
Estas vasijas deben su nombre al gran parecido que tienen con los soportes para candelas. Sin embargo, no se ha podido comprobar que éste haya sido su uso. Han sido encontradas en distintos espacios de la antigua ciudad, pero ocasionalmente en entierros.
VASIJAS MINIATURA
Estas reducciones de ollas, floreros, vasos, jarras, cazuelas, platos y cajetes fueron consideradas por mucho tiempo como una especie de juguete. Sin embargo, debido a que aparecen asociadas a entierros dentro de los conjuntos habitacionales, funcionan más como objetos simbólicos ofrendados a los familiares difuntos.
FRAGMENTOS DE INCENSARIOS TIPO TEATRO
Estas vasijas están elaboradas con dos tipos de arcilla: una burda para la estructura de la base y el marco, y otra fina, para el decorado. En esta vitrina se exhiben algunos fragmentos de incensarios dedicados a Quetzalpapálotl. Los adornos tienen forma de cabezas de lechuzas, mascaritas humanas con grandes orejeras y boquera, flores, estrellas, vírgulas, peces, cabezas de serpiente, mazorcas de maíz, conchas marinas, mariposas, aves, penachos y manos. Probablemente se utilizaban como ofrendas en la construcción tanto de templos como de edificios comunes.
VASIJAS ESTUCADAS
Estos recipientes decorados y procedentes de la Costa del Golfo fueron muy apreciados. Su técnica es anterior a la época teotihuacana del Clásico, ya que algunos ejemplares estucados fueron hallados en Tlapacoya –Preclásico-, en la zona maya y Oaxaca. Se piensa que estos objetos fueron elaborados para la elite gobernante, quien los utilizaban como ofrendas.
MÁSCARAS TEOTIHUACANAS
Se desconoce si estas piezas servían realmente como máscaras o como pectorales. Estos objetos tallados y pulidos en piedra -alabastro y piedra verde- muestran rostros que parecen corresponder a los rasgos estilizados de un personaje reproducido múltiples veces. Son pocos los ejemplares que provienen de excavaciones arqueológicas y algunos han sido hallados en sitios alejados del área nuclear teotihuacana, como Malinalco -Estado de México- y Templo Mayor, donde fueron modificados en su parte trasera para ser empleados en rituales desconocidos.
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PRIMER PISO
CULTURAS DE OCCIDENTE: ÁREA GEOGRÁFICA
El Occidente de México representa la subregión más grande de Mesoamérica: sus antiguas culturas ocuparon un enorme territorio que incluye los actuales estados de Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán y una pequeña franja de Guanajuato y Guerrero. La zona -llena de lagos, ríos, valles, sierras y llanuras costeras- era rica en diversidad ecológica y recursos naturales, como el algodón, cacao, maíz, frijol, calabaza, frutos silvestres y pescado. Esto contribuyó grandemente en el desarrollo de las culturas de Occidente.
CULTURAS DE OCCIDENTE
Esta región pudiera ser la más particular de Mesoamérica, ya que algunos de sus aspectos característicos parecen venir de civilizaciones sudamericanas. Un ejemplo es la cerámica estilo “Capacha” o la técnica metalúrgica localizada en Tomatlán, Jalisco, y desconocida por mucho tiempo en el resto de Mesoamérica. Todo indica que -aun cuando comparte rasgos comunes- la región de Occidente se encontró, durante un largo periodo, fuera de la influencia cultural mesoamericana.
EL PRECLÁSICO
Durante el Preclásico Temprano se desarrollaron algunos de los primeros estilos de cerámica de Mesoamérica, como el “Capacha”, con sus vasijas de un color, decoradas con incisión y punzonado. En el Preclásico Medio aparece el estilo de “El Opeño”, asociado a elementos funerarios. Estas dos tradiciones cerámicas son el antecedente del estilo “Teuchitlan” o “Tumba de Tiro”, ubicado en los estados de Nayarit, Jalisco, Colima y Michoacán. Este estilo se prolongaría hasta el Clásico Temprano (del 200 a.C. al 600 d.C.).
EL CLÁSICO
Durante esta etapa crecieron muchos sitios dentro de un área pequeña, con construcciones monumentales circulares conocidas como “guchimontones”. Las más grandiosas se encuentran en Teuchitlan y su distribución geográfica cubre el sureste de Nayarit y del noroeste de Jalisco hasta la región del Cañón de Bolaños-Mezquitic junto a Zacatecas. Tras la desaparición de la cultura Teuchitlán o Tumba de Tiro, hacia el 600 d.C., la zona de Occidente fue escenario de distintos desarrollos regionales, entre los que destacó el tipo “Aztatlán”, el cual perduró hasta finales del Posclásico Temprano.
EL POSTCLÁSICO
Para el Postclásico Tardío, el Occidente fue ocupado por la cultura tarasca o purépecha, en el actual estado de Michoacán. Esta cultura integraba elementos culturales antiguos y contemporáneos de los pueblos del Postclásico. Los purépechas evolucionaron de manera muy similar a la mexica, en cuanto a sus pretensiones de expansión territorial y de control bélico.
TUMBAS DE TIRO
Las Tumbas de Tiro constituyen la característica más original de Occidente. Nombradas así por ser tumbas subterráneas con ofrendas, se accedía a ellas a través de un pozo vertical o tiro que podía tener de 1 a 6 o más metros de profundidad. Estos enterramientos se asocian a conjuntos arquitectónicos circulares. Los sitios donde más se han presentado son Teuchitlan, Huitzilapa y San Martín Bolaños, en Jalisco, y El Opeño, en Michoacán. Sin embargo, han sido localizadas otras tumbas del Clásico Temprano, con evidente influencia teotihuacana, en otras localidades de Michoacán.
LA CULTURA MEZCALA
La cultura mezcala es una de las más originales de Mesoamérica y de las más distintivas de Guerrero. Su nacimiento es posterior a la presencia olmeca en la zona. Durante el apogeo mezcala, esta cultura tuvo presencia en los actuales estados de Michoacán, Estado de México, Morelos y Puebla. Su florecimiento fue simultáneo al descenso de Teotihuacan, entre el 700 y el 900 d.C.
MÁSCARAS
Las máscaras de piedra verde fueron elaboradas en los asentamientos situados junto a los ríos Balsas y Mezcala, en el estado de Guerrero. Esta región recibió el legado olmeca y posteriormente absorbió la influencia del arte teotihuacano. Las máscaras fueron muy apreciadas por las clases dirigentes de otras regiones, por lo que algunas han sido encontradas en diversos lugares, como Teotihuacan, la zona maya y como parte de las ofrendas en el Templo Mayor de la antigua ciudad de México-Tenochtitlan.
PERSONAJES CON MANOS ENCONTRADAS
Características de la cultura mezcala, estas piezas se reconocen por carecer de peinados o tocados, ornamento e indumentaria. El rasgo más sobresaliente es su postura. Las manos descansan sobre las rodillas, lo que sugiere, en cierta manera, la posición fetal. Si se toman en cuenta las expresiones serias y los rasgos faciales apenas esbozados, parecen representar personas fallecidas.
PENATES
Estas pequeñas esculturas conocidas como “penates” tienen un estilo específico, Llama la atención la representación de sus rasgos y las minúsculas dimensiones.
FIGURAS CON OJOS SALTONES
El rasgo predominante de estas figuras de piedra riolita son sus ojos saltones. También parecen tener orejeras e incluso algún tipo de tocado o peinado. No obstante, la postura y la manufactura se parecen a aquéllas de las figurillas comunes.
PERSONAJES-EMBLEMAS
Por desgracia, la mayoría de las piezas de Mezcala provienen de saqueos y los datos son escasos; por lo tanto, poco o nada se sabe de los artesanos que elaboraron estas obras. Es posible que estas figurillas hayan sido creadas como ornamentos simbólicos, ya que presentan una doble lectura, tanto de frente como de perfil, simulando algún tipo de emblema aún desconocido.
PERSONAJES CON INFLUENCIA TEOTIHUACANA
Los tocados de estas piezas revelan la evidente influencia teotihuacana en algunos sitios de Guerrero, como La Organera-Xochipala. No se sabe si estas figurillas fueron elaboradas por pedido o para la venta. Lo cierto es que los rasgos de la cara se vuelven más realistas.
PERSONAJES CON BRAZOS ESTIRADOS
Al igual que el resto de las figuras de esta cultura, éstas parecen simbolizar un prototipo del género humano, ya que no salta a la vista ningún atributo sexual.
ORNAMENTOS DE PIEDRA
La industria más activa de la cultura mezcala fue, sin duda, el tallado de piedras preciosas de colores verdes, ocres y grisáceos. La manufactura incluía, además de las figurillas, una gran variedad de ornamentos como pendientes, collares y orejeras. La ventaja de poseer en su territorio esta materia prima hizo de Mezcala el principal exportador de este tipo de productos hacia el resto de Mesoamérica.
CERÁMICA DE CHUPÍCUARO
Durante el Preclásico Tardío y el Clásico Temprano, los habitantes de Chupícuaro -una aldea ubicada en el Bajío- produjeron cerámica de varios colores, pulida y decorada con motivos geométricos. Sus formas más conocidas son cajetes trípodes y vasijas de asa-canasta. Esta tradición se ha manifestado en Guanajuato y en Michoacán. De igual forma, se han encontrado algunos elementos chupícuaro en Cuicuilco y en Teotihuacan, en el Valle de México.
FIGURILLAS DE CHUPÍCUARO
Chupícuaro fue una aldea ubicada en las inmediaciones del Río Lerma, en Guanajuato, durante el Preclásico Tardío. Aquí se hallaron más de 400 tumbas con ofrendas, en las que se encontraron, entre otras cosas, piezas admirables de alfarería. Aunque las figurillas presentan rasgos parecidos a los del Altiplano Central, resultan extremadamente originales por sus muchos ornamentos.
PERSONAJES FÁLICOS
Estas representaciones no son muy abundantes en la tradición cultural mesoamericana. Indudablemente la exageración de los atributos viriles exalta el vigor de lo masculino como principio de la fertilidad. Posiblemente estas piezas hayan sido utilizadas en rituales de iniciación para adolescentes varones.
JUGADORES DE PELOTA
En la región de Occidente, el juego de pelota se practicó de distintas maneras. En algunos casos, los jugadores le pegaban a la pelota con una especie de bastón; en otros, con una manopla o con los brazos y pies. Para protegerse del golpe de la pelota -que podía pesar entre 3 y 5 kilos-, los jugadores se colocaban cascos, cubrecaderas y una especie de armadura. Es posible que, con el tiempo, esta actividad, nacida como ritual religioso, adquiriera un carácter juguetón y de entretenimiento.
PERSONAJES CON ESCARIFICACIONES EN HOMBROS
Esta característica es exclusiva de las figuras humanas de Occidente. La decoración corporal era realizada tanto en hombres como en mujeres. Se piensa que las escarificaciones en la piel eran una forma de embellecimiento como también lo eran la mutilación dentaria y la deformación craneal. De igual manera, es posible que esta costumbre haya funcionado como parte de un ritual de paso de la niñez a la etapa adulta.
FIGURAS DE GRANDES DIMENSIONES
Algunas tumbas de tiro fueron utilizadas como cripta familiar, ya que se han encontrado distintos restos óseos. Dentro de estos sepulcros ha sido común la presencia de grandes esculturas de barro. Ejemplo de lo anterior es esta pareja, posiblemente representación idealizada de antepasados o de deidades domésticas.
GUERREROS
Aunque dispersos y con pocos habitantes, los pueblos de Occidente fueron numerosos. Es posible que el control de los recursos naturales desatara batallas entre tribus. Un atuendo tan compuesto como el de los guerreros -con cascos, ornamentos, pintura corporal y armas- habla de la importancia que tenía esta actividad.
FIGURILLAS DE NAYARIT
Los rasgos de estas figuras no fueron modelados, sino formados por líneas y puntos coloreados en rojo, negro, anaranjado y crema. Las figuras se distinguen por sus ojos demasiado separados y por la cantidad de ornamentos, como narigueras y pendientes. Estas piezas -generalmente sólidas a comparación de las de Jalisco- no fueron usadas como recipientes.
PERSONAJES ENFERMOS
Estas representaciones son muy comunes en la región de Occidente y dan testimonios de las enfermedades que sufrían los pobladores prehispánicos. Recrean individuos desnutridos, con las costillas y la columna vertebral expuestas bajo una delgada piel, lo que posiblemente sea indicio de un padecimiento infeccioso como la tuberculosis.
FIGURAS FEMENINAS
Además del consabido simbolismo con la fertilidad, estas representaciones femeninas de Colima manifiestan el rol social establecido para las mujeres. A pesar de ser más representadas que las masculinas, su figura es más genérica y con menos rasgos particulares.
PERSONAJES CON COLLAR DE COLIMA
Este tocado en forma de yelmo terminado en pico y el ornamento alrededor del cuello con pendientes en forma de colmillos o de plumas se relaciona con jugadores de pelota, guerreros e, incluso, chamanes. El collar y la postura de las figurillas representaban estatus. Es posible que este adorno y tocado signifiquen la representación de un ave, animal que ha sido vinculado con el sol.
TIPOLOGÍA DEL LANZADOR
La figura que sostiene un objeto esférico con la mano derecha es muy recurrente en el arte de la zona de Occidente. Según especialistas y debido al tocado en forma de cuerno en la frente, éste corresponde a la representación de un chamán que realiza un ritual alrededor del juego de pelota. Lo que sostiene en la mano no es exactamente una pelota, sino una bola de copal o de peyote y que constituye una ofrenda en sí misma.
PERSONAJES CON ESTEATOPÍGIA
Esta deformación -que no debe confundirse con obesidad- consiste en la acumulación de una capa de grasa muy gruesa alrededor de las piernas, vientre y trasero. Generalmente se presenta en figurillas femeninas que muestran una curvatura exagerada en estas partes del cuerpo. Esta singularidad hizo que dichos personajes fueran objeto de representaciones variadas.
LAS FIGURAS DE JALISCO
En las figurillas del Occidente, los rasgos principales son compartidos y las pequeñas diferencias constituyen una simple variedad. Por ejemplo, las figuras humanas que provienen de Jalisco presentan rostros alargados y narices prominentes.
ESCENAS GRUPALES
Los pueblos del pasado mantenían una fuerte identidad de grupo como estrategia de supervivencia y orientación en el mundo. En estas escenas no hay carácter individual mientras que el colectivo se enfatiza por la similitud de vestimenta, peinado y expresión corporal.
MÚSICOS
El uso y desarrollo de instrumentos musicales fue habitual en toda Mesoamérica. Sin embargo la variedad es excepcional en la región de Occidente. Se usaron los instrumentos de frotamiento, como el raspador; los de percusión, como el tambor; los de concusión, como las conchas marinas o el calabazo; y los de soplo, como los silbatos, ocarinas, flautas o trompetas.
JOROBADOS
A menudo las deformaciones en los seres humanos eran consideradas como una señal divina. Muchos de estos personajes eran chamanes de ritos especializados o, al menos, esto parecen representar las figurillas.
MAQUETAS
Testimonio de las antiguas formas de vida, estas piezas representan escenas cotidianas con un enfoque más lúdico que religioso. Gracias a las maquetas se sabe que las aldeas estaban conformadas por chozas con techos cónicos. Las figurillas humanas aparecen en distintos escenarios, como juegos de pelota, plataformas con danzantes o algún tipo de ritual.
ESCENAS DE PERSONAJES EN LITERAS
En las figurillas de Colima están presentes personajes que descansan en sillones con amplios respaldos o llevados en literas. Seguramente representan una casta social privilegiada. Al igual que las esculturas mayores, también fueron utilizadas como ofrendas funerarias.
PERSONAJES PRINCIPALES CON CAPA
Aunque por el clima la poca vestimenta era usual, existen figurillas que destacan por llevar una especie de capa o tilma y un tocado elaborado, tipo turbante o en forma de cono. En las figuras del Occidente es imposible determinar si estas vestimentas correspondían a un grado superior de guerreros, caciques, gobernantes o chamanes.
TIPOLOGÍA DEL CARGADOR
El medio de transporte en la época prehispánica era la fuerza humana. Los productos se llevaban en un mecapal -cinta o banda de tela muy resistente colocada alrededor de la frente. La figurilla más notoria es la de un personaje que carga sobre sus espaldas algo semejante a una piña de maguey, utilizada para elaborar un aguardiente característico de esta región.
LA PINTURA CORPORAL
Las figuras del Occidente destacan por la gran variedad de pintura corporal y facial con base en rayas y manchas. Al parecer, era una práctica ritual empleada únicamente para ocasiones especiales, cuando los humanos podían adoptar otro cuerpo y, en consecuencia, otra identidad. El maquillaje iba de acuerdo al estatus y al rol dentro de las ceremonias. La pintura facial se consideraba más personalizada y posiblemente hacía referencia a ciertas deidades domésticas con las cuales se identificaban los participantes.
PAREJA HOMBRE Y MUJER EMBARAZADA
En estas esculturas de barro se muestra únicamente una clara distinción: la que establece el género. Por lo demás, son idénticos los rasgos, adornos, peinados y posturas. Es posible que se haya querido destacar la importancia de los vínculos humanos basados en el parentesco y su reciprocidad social, es decir, las alianzas entre los individuos como práctica de subsistencia y permanencia de la especie humana.
FIGURAS DE PEQUEÑAS DIMENSIONES
La vestimenta de estas figuritas de Colima, así como sus tocados en forma de abanico, cónicos y de plumas, denotan las diferencias jerárquicas entre habitantes. Las narigueras se presentan en menor número. En cambio, las orejeras en forma de disco son abundantes. Destaca la excesiva vestimenta de los guerreros: pecheras, yelmos, mazos y hondas.
FIGURILLAS ESQUEMÁTICAS
La escultura de Colima presenta una variada gama de formas humanas. Las hay aplanadas con cabeza cónica y sin ningún tipo de atributo, o las que tienen un acabado más realista. La diferencia en manufactura y estilo no se debe a un desarrollo evolutivo, sino a que provienen de comunidades distintas.
FIGURILLAS PLANAS
Estas figurillas de cuerpo rectangular y extremidades muy cortas muestran algunos atributos típicos del Occidente, pero también influencia de las tradiciones culturales del norte del país, como Aridoamérica.
LOS PERRITOS CEBADOS
Las esculturas y vasijas de perritos son característicos de Colima. Por su presencia en tumbas, se les ha relacionado como compañeros del fallecido en su paso hacia el otro mundo, e incluso -por estar engordados- como alimento para el difunto durante su camino o como pago por derecho de peaje hacia el más allá.
CHAMANES
Por su tocado notable para la zona de Occidente, se cree que estos personajes eran chamanes traductores entre el mundo sagrado y el de los hombres. Mediante el sueño o estados alterados de conciencia provocados por danzas frenéticas, autosacrificios, ayunos o consumo de sustancias psicotrópicas, los chamanes tenían acceso a los lugares donde se encontraban las almas de los enfermos, desaparecidos y difuntos.
VASIJAS DE OCCIDENTE
Las formas tan variadas que presenta la cerámica de Occidente son resultado de una larga tradición cultural y principalmente de contactos con regiones sudamericanas en Perú, Colombia y Ecuador. La mayoría de los objetos provienen de tumbas. Las representaciones de animales y plantas fueron los únicos temas comunes con el resto de Mesoamérica, ya que las deidades del panteón mesoamericano están ausentes.
VASIJAS ZOOMORFAS
Pericos, tlacuaches, ajolotes, peces, gansos, patos, arañas, anfibios, serpientes, tejones, armadillos y peces no constituían propiamente representaciones de animales, sino elementos simbólicos de una naturaleza que se concebía como sagrada.
LOS PATOJOS DE OCCIDENTE
Las manos y pies del hombre son los símbolos más antiguos expresados en el arte prehispánico. Los pies o sus huellas representan orientación direccional y emotiva hacia distintos elementos geográficos ricos en recursos naturales. A diferencia de los patojos del Altiplano Central, los de Occidente son más ilustrativos al respecto, ya que representan de forma más realista las extremidades inferiores.
CERÁMICA DE FORMAS SIMBÓLICAS
Lo desconcertante de muchas obras de la región occidental se debe más a su forma que a su significado. Sin embargo el resultado de estas combinaciones sin duda es simbólico.
INSTRUMENTOS MUSICALES
No se sabe si los mismos músicos confeccionaban sus propios artefactos o si algún maestro ceramista, especializado en instrumentos musicales, era el encargado de tal función. Lo cierto es que los instrumentos se utilizaban en distintas ceremonias y -según el ritual, ya fuera religioso o profano- eran empleados de acuerdo a su forma y sonido.
OBSIDIANA TARASCA
Tanto en la región tarasca como en el resto de Mesoamérica, este tipo de piedra volcánica fue uno de los más utilizados por su corte y filo. En talleres, artesanos especializados producían utensilios de cocina, herramientas y armas. Algunos de estos artefactos de uso ritual en ofrendas tienen formas muy originales.
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SEGUNDO PISO
CULTURAS DE LA COSTA DEL GOLFO: EL TOTONACAPAN
El Golfo de México fue escenario de importantes culturas mesoamericanas, como los olmecas en el Preclásico, las del centro de Veracruz en el Clásico y huastecos y totonacos en el Posclásico. Según los investigadores, estos últimos eran originarios de las tierras altas del Altiplano Central, desde donde se dispersaron hacia lo largo de la costa del Golfo. A su llegada y desde el Clásico, la región se encontraba ya ocupada por diversos grupos que habían desarrollado una fuerte tradición cultural en sitios como El Tajín, Yohualichan, Xiuhtetelco, Cotaxtla y Cerro Montoso. No obstante los totonacos lograron incorporarse a las costumbres de los pobladores originales, dando lugar al Totonacapan, conocido de esta manera desde la época prehispánica. Esta extensa área llegó a albergar a una considerable población, concentrada en localidades como Tuzapan, Cacahuatenco, Misantla, Zacatlán, Cuauhtochco, Quiahuiztlan y Cempoala, la ciudad totonaca más importante a la llegada de los españoles.
LA ESCULTURA EN BARRO
Durante el Clásico, el mosaico de etnias que era Veracruz produjo distintos estilos escultóricos con diversas influencias mesoamericanas. La tradición más importante en este periodo fue la de Remojadas-Tlalixcoyan-Apachital, región con evidentes vínculos con Teotihuacan, tanto en lo técnico como en lo ideológico. Aquí se desarrolló un importante estilo de cerámica y escultura dentro del que destacan las “caritas sonrientes” y las figurillas con decoración de chapopote. Hacia el Clásico Tardío aparecen las esculturas hechas en barro y fabricadas en molde, así como las figuras de mayores dimensiones.
DIOS NARIGUDO
Estas figurillas provienen de diversos sitios alrededor del puerto de Veracruz, como El Tejar y Remojadas. Reciben su nombre gracias a su prominente nariz. Miden de 10 a 15 centímetros de alto y pueden encontrarse sentadas o paradas con un soporte trasero y distintos tocados en forma de cuernos o con bandas alrededor de la cabeza. Además de esta característica, no presentan otra cualidad. La mayoría está elaborada en cerámica rústica, por lo que se les ha asociado a cultos domésticos.
Caritas sonrientes
Estas figuras provienen del centro de Veracruz aunque han sido encontradas en otros lugares, como El Tajín y Castillo de Teayo. Nombradas así por la característica expresión de su rostro, pueden llegar a medir desde 10 centímetros hasta 1 metro de altura y personificar tanto a hombres como mujeres. Otro rasgo propio de las “caritas sonrientes” es la presencia de algún glifo, vírgula o símbolo en su tocado. Gracias a estas figurillas, se pueden deducir diferentes costumbres de la región, como la mutilación dental y la deformación craneana. Estas piezas han sido relacionadas a festividades importantes donde el canto, la declamación y la danza eran fundamentales.
REMATES
En realidad no se trata de esculturas sino de elementos arquitectónicos. Su función era ornamental ya que se colocaban en las salientes de los edificios para enfatizar el carácter de los mismos.
CANDADOS
Su nombre lo deben a su enorme parecido con esos artefactos, aunque la función de estos “candados” es desconocida. Se piensa que puede ser otra variedad de artefacto de la tradición escultórica de las palmas, hachas y yugos. De la misma forma que los anteriores, es posible que estén relacionados con el juego de pelota.
la trilogía escultórica: palmas-hachas-yugos
Estas esculturas simbolizan artefactos ofrendados a los jugadores de pelota. Originalmente se elaboraban en materiales perecederos. Las palmas reciben su nombre debido a su semejanza con hojas de palmera. Las hachas votivas tenían forma aplanada y representaban cabezas humanas. En su parte trasera cuentan con una especie de clavija, lo que sugiere que pudieron empotrarse en muros como elementos arquitectónicos ocasionales. Finalmente los yugos -con su forma rectangular en “u”- constituyen otro accesorio de los jugadores de pelota. Se cree que las piezas provienen de la zona olmeca. De ahí su uso se difundió al resto de Mesoamérica. Después, cuando los pueblos del Clásico y Posclásico de Veracruz adoptaron su uso, las modificaron y revistieron con distintos ornamentos.
decoración de chapopote
Estas figurillas y silbatos con forma humana pueden representar deidades locales o personajes principales. Provienen de una importante tradición cultural desarrollada en el centro de Veracruz. Algunas de estas piezas se distinguen por la decoración con chapopote en el rostro o en el tocado. Esta peculiaridad señala, probablemente, ciertas prácticas rituales de carácter tribal.
CERÁMICA de la HUASTECA
Otra cultura importante al norte de la costa del Golfo fue la huasteca, la cual tuvo su apogeo entre el Clásico y el Posclásico. Su cerámica se caracteriza por el color café sobre fondo crema y los elaborados diseños. Como ejemplo bastan estas piezas: un plato decorado que posiblemente represente un caracol cortado, una olla con asa y vertedera que parece reproducir un armadillo o tlacuache, un molcajete con soportes decorados y una jarra con asa.
CANDELEROS HUASTECOS
Es posible que estos candeleros en forma de cabezas humanas hayan sido utilizados para algún tipo de ceremonia o culto relacionado con la muerte, ya que dentro de la tradición prehispánica, un fallecido se representa con los ojos cerrados. Los candelabros son huecos, con abertura en la frente -para evitar que la flama se extinga- y en la gran boca, por la cual se introducía el combustible.
CULTURAS DE OAXACA
Por su accidentada geografía y diversidad de climas, en Oaxaca se desarrollaron varias tradiciones culturales, pero con características netamente mesoamericanas. Durante el Clásico surgieron distintas ciudades-estado, como Yacuita, Río Viejo, Cerro de las Minas y Quiotepec, que, junto a Monte Alban -capital zapoteca-, se convirtieron en la sede regional de un poderío político y económico central. Hacia el Posclásico, los principales centros urbanos de la época anterior declinaron, dejando una escena política, social y cultural fragmentada. Las numerosas ciudades-estados eran muy competitivas y beligerantes, aunque con un control regional más reducido. La mayoría de los poblados estaban en manos de mixtecos. Las ciudades principales de la época fueron Mitla, Tututepec y Huatulco.
ZAPOTECAS Y MIXTECAS
El zapoteca es uno de los grupos étnicos y lingüísticos más antiguos de Oaxaca. Distribuido principalmente en los valles centrales de esta entidad, los zapotecas tuvieron su apogeo durante el Clásico. Posteriormente, hacia el año 700 d.C., el estado zapoteca decayó y su principal ciudad fue abandonada. Sin embargo, esta cultura pudo subsistir durante el Posclásico en sitios como Yagul, Lambityeco, Guien-gola y Zaachila, aunque subordinadas al poderío mixteca. Al igual que la zapoteca, la cultura mixteca experimenta un largo desarrollo desde el Preclásico (1500 - 500 a.C.) y tiene su apogeo durante el Preclásico Tardío, como lo muestran las zonas de Cerro de las Minas, Monte Negro y Huamelulpan. Durante el Clásico, los mixtecos desarrollaron estilos propios, aunque nunca tan alejados de los cánones zapotecas. Sería hasta el Posclásico cuando, ocurrido ya el descenso de Monte Albán, los habitantes de la sierra occidental integrarían sus rasgos culturales a los desarrollados con anterioridad en los valles centrales. De esta manera, se enriquece la tradición zapoteca y se erige la ciudad de Mitla como la capital de este mundo mixto.
URNAS ZAPOTECAS
Las urnas son características en la cerámica zapoteca. Por sus elaborados tocados, representan a personajes importantes o deidades con rostros sobrenaturales y cuerpo humano. Aunque se les llaman urnas, no eran utilizadas para alojar restos humanos, sino para contener diversos objetos ofrendados a los difuntos.
DIOS COCIJO
El panteón zapoteca se conformó de 39 deidades, la mayoría relacionada con las fuerzas de la naturaleza. Quizás la deidad más importante fue Cocijo, dios de la lluvia o del relámpago. En muchos aspectos, ha sido comparado con Tláloc. Se le identifica por la “c” en su tocado -lo que simboliza las fauces del cielo-, por su nariz prominente en forma de gancho, su lengua bífida y sus anteojeras. La representación de esta deidad en urnas fue muy habitual en los valles centrales de Oaxaca y se presenta, casi siempre, asociada a símbolos o fechas del calendario.
BARRO NEGRO
Debido al tipo de barro utilizado para su manufactura, el tono grisáceo obscuro de las vasijas zapotecas es particular de la región de Oaxaca. Estas piezas con diseños simples en la decoración pertenecen a un tipo de cerámica doméstica muy utilizada en su tiempo.
URNA CABEZA DE OCELOTE
Uno de los animales más representados en Mesoamérica, desde épocas tempranas, es el jaguar u ocelote. Su figura tiene múltiples significados y ha sido asociado a personajes de alta jerarquía. También podía simbolizar los poderes ocultos del inframundo, la fertilidad de la tierra, el cielo nocturno -por su moteado- o, incluso, el valor de los guerreros en batalla.
REPRESENTACIONES FEMENINAS
Las representaciones femeninas dentro del arte zapoteco fueron muy tardías (500-800 d.C.). Casi siempre aparecen idealizadas como sacerdotisas o personajes de la elite, con majestuosos tocados y peinados.
DIOS MURCIÉLAGO
Aunque es conocido de esta manera, en realidad esta figura es representativa de varias deidades del panteón zapoteca asociadas al inframundo. Dependiendo de la situación y el entorno, puede ser Pitao Cozobi, deidad de la agricultura; Pitao Pecelao, deidad de la muerte, o Pitao Zig, deidad de los infortunios, las pérdidas y las adversidades.
EL ARTE MIXTECO
Durante el Posclásico y en toda Mesoamérica, el arte mixteco fue objeto de gran interés por la calidad de su trabajo. Destacaron los textiles de algodón coloreados con escarlata de cochinilla, los ornamentos de oro y plata, la cerámica coloreada y pulida, las figurillas esculpidas en jadeíta, los adornos y artefactos de cobre, las tallas finas, los relieves en hueso o concha y los mosaicos de turquesa. Además se han podido preservar magníficos ejemplares de códices prehispánicos que refieren algunos aspectos de esta cultura, como el Nuttall, Bodley, Selden I y II, Colombino, Becker I y II y Vindobonensis.
CERÁMICA MIXTECA
Debido a la fragmentación política que sufrió la zona durante el Posclásico, proliferaron numerosas y pequeñas ciudades-estado y se incrementó el intercambio de productos y estilos artísticos. Esto se demuestra en la riqueza que caracteriza a la cerámica mixteca.
SAHUMADORES
Los sahumadores tenían una utilidad práctica y esencial dentro de las ceremonias religiosas prehispánicas. Servían para quemar copal y se componían de un cajete pequeño, con o sin soportes, y mango decorado o perforado para avivar las cenizas mediante el soplo. Estos ejemplares provienen de la zona mixteca entre Oaxaca y Puebla, y lucen una característica coloración.
LA CULTURA MEXICA EN EL POSCLÁSICO
Sin duda, la cultura prehispánica más célebre de Mesoamérica y la mejor examinada por los especialistas fue la mexica. Sin embargo, también es la menos conocida desde el punto de vista arqueológico. De acuerdo al relato mítico, los mexicas eran originarios de Aztlán o “lugar de garzas”. Incorporados a las interminables migraciones nahuas procedentes del norte, los mexicas arribaron al Valle de México de manera rezagada y se asentaron en territorios pertenecientes a los tepanecas de Azcapotzalco. Durante su peregrinaje, guiados por su dios patrono Mexi -o Huitzilopochtli-, dejan de llamarse aztecas para asumir su identidad como mexitin o mexicas. México-Tenochtitlan se funda hacia el año 2 caña (1325 d.C.), en el lugar exacto donde se presenció la sagrada visión del águila, sobre un nopal, devorando una serpiente.
LA ESCULTURA EN LA CUENCA DE MÉXICO
Durante el Posclásico Tardío, la tradición escultórica monumental prosperó de forma significativa en la Cuenca de México, debido en parte a la expansión de los dominios mexicas. Muchos de los edificios cívico-religiosos se ampliaron y adornaron con grandes figuras para expresar el creciente poderío terrenal y divino de esta cultura. La plástica mexica hereda elementos de las antiguas tradiciones mesoamericanas, como la teotihuacana y las del Altiplano Central, desde los toltecas en el Preclásico Temprano hasta las culturas nahuas que precedieron a los mexicas en Xochimilco, Chalco y Texcoco. Los mexicas consiguieron un intercambio de elementos, estilos y técnicas provenientes de las distintas regiones sometidas, como el Totonacapan y la Huasteca en el Golfo, así como la región mixteca en Oaxaca.
CERAMICA TIPO “PLUMBATE”
Esta cerámica, desarrollada durante el Posclásico Temprano, es una de las más acreditadas de Mesoamérica, debido al particular acabado vidrioso que le da su alto contenido de plomo. Según los investigadores, esta cerámica se importaba desde el litoral sur del Pacífico -el Soconusco- hacia varias regiones, entre ellas el Altiplano Central. Fue tal su prestigio como objeto suntuoso de intercambio comercial, que -conocido como “falso plumbate”- se le imitó en algunos sitios cercanos a la Cuenca de México. La mayoría de estas piezas son vasijas con diversos personajes, deidades o animales.
HOMBRE CON GORRO CÓNICO
Esta escultura en particular luce el característico gorro cónico asociado a deidades como Quetzalcóatl o “serpiente emplumada”. Los círculos en el tocado pueden ser chalchihuites, símbolo acuático de Chalchiuhtlicue o “falda de jadeíta”, o incluso representar flores, atributo de Piltzintecuhtli-Xochipilli -“niñito noble-flor preciosa”. Sin embargo, la falta de otros distintivos impide identificar a este personaje. Aunque la postura de este hombre es muy común en las representaciones religiosas, el detalle de la mano derecha permite relacionarlo a esculturas conocidas como “portaestandartes”, las cuales eran colocadas en los templos.
BRASEROS
Muchos de los grandes braseros fueron diseñados para alumbrar estancias de templos y casas, aunque también se usaban en ciertas festividades para quemar sustancias como el copal. Existen de menor tamaño, pero usualmente son vasijas de grandes dimensiones donde se colocaba algún tipo de combustible para mantener vivo el fuego. Una de estas piezas representa a un sacerdote de Tláloc y la otra recuerda un reloj de arena, por lo que se ha clasificado con este mismo nombre.
FIGURA HUMANA
No se sabe con exactitud si las figuras que representan gente común vestida con un simple braguero y carentes de tocado fueron hechas en talleres oficiales o fueron elaboradas de manera popular. En ambos casos se trata de una idealización; en el primero, se justifica el papel tradicional de los macehuales, mientras que en el segundo se le vería como un arte con el cual las clases bajas pudieran identificarse y mantenerse en contacto con lo divino.
TZOMPANTLI
El poderío bélico de los mexicas estaba demostrado por su capacidad militar, que incluía demostraciones públicas de sacrificios humanos. Éstos se realizaban durante suntuosas ceremonias. Las cabezas de los capturados en batalla se ofrecían en altares conocidos como tzompantli. Esta recreación se compone de “clavos” con forma de calavera o descarnados, representando las cabezas cercenadas. Por otra parte, servían como “amarre” para las piedras en los muros en los cuales eran incrustados.
FIGURAS DE SERPIENTE
Debido a que este reptil fue uno de los animales más importantes en la cosmovisión mesoamericana, la serpiente fue adquiriendo múltiples significados a lo largo del tiempo. Aunque siempre se le relacionó con las potencias terrenales de la naturaleza, también se le vinculó con la energía sagrada del cielo, como en el caso de Xiuhcóatl –“serpiente preciosa”- o Quetzalcóatl -“serpiente emplumada”. Así mismo, fue un atributo en la indumentaria de algunas deidades femeninas, sobre todo del Altiplano Central, como lo muestra Coatlicue –“la de la falda de serpientes”- y Cihuacóatl -“mujer-serpiente”. Por otra parte, las víboras también están reproducidas en múltiples objetos, ya sea en posturas habituales, enroscadas o de forma parcial -solamente la cabeza-, como en clavos o ciertos elementos arquitectónicos.
ESCULTURAS CON FORMAS DE ANIMALES
Estas esculturas muestran toda una variedad de formas. Su estilo se acerca a la concepción tridimensional, basada en un naturalismo simbólico muy particular de la escultura del Valle de México durante el Posclásico.
LÁPIDAS CON FECHAS CALENDÁRICAS
Las lápidas representaban una forma de preservar, en la memoria colectiva, sucesos relevantes. Para ello se utilizaba un sistema calendárico de dos ciclos: el año solar de 365 días, conocido como Xiuhpohualli, y el calendario ritual o Tonalpohualli, compuesto de 260 días. Combinados conformaban un periodo de 52 años. Los días eran designados por el nombre de un signo patrono. En este caso, están presentes los días Coatl -“serpiente”-, Ocelotl -“jaguar”- y Tochtli -“conejo”. De acuerdo al Tonalámatl o almanaque profético que los sacerdotes utilizaban para sus augurios, estos días podían decretarse como adversos o favorables según las circunstancias y el entorno.
CARACOL CORTADO
Dentro de la tradición prehispánica, el Xicalcoliuhqui o “caracol cortado” era símbolo de Quetzalcóatl, ya que uno de los atributos particulares de esta deidad era su pectoral -llamado Ehelaicacózcatl o “collar del viento”- y que era usado por los sacerdotes que oficiaban su culto. En las pinturas, este mismo símbolo se presenta en el escudo y artefacto o arma que lleva en la mano derecha.
XILONEN (“MAZORCA DE MAÍZ”)
Xilonen o “mazorca del maíz” viste una falda y huipil del color de las flores de la primavera. En la cabeza puede o no llevar un tocado o corona de papel con plumas de quetzal. Al igual que las demás deidades asociadas al maíz, una mitad de su rostro estaba pintada en rojo y la otra en amarillo.
CIHUATÉOTL (“MUJER- SAGRADA”)
Cihuatéotl es el nombre que también recibía la deidad Toci -“nuestra abuela”- o Teteo Innan -“madre de los dioses”. Se le ha identificado a menudo con Cihuacóatl -“mujer-serpiente”- por su postura arrodillada y su rostro descarnado. Era la patrona de la salud, por lo cual parteras, yerberos, dueños de temascales e incluso adivinos la adoraban.
CABEZAS DE GUERREROS JAGUAR Y ÁGUILA
Cuando, gracias a su fuerza bélica, los mexicas predominaron en varias regiones mesoamericanas, su ideología militar se manifestó en la escultura. Una nueva clase de ciudadanos -los guerreros- se identificaron con el ocelote y el águila, animales considerados sagrados por su ferocidad o estrategia para cazar y por simbolizar las fuerzas cósmicas en lucha permanente.
XIUHTECUHTLI (“SEÑOR PRECIOSO”)
Entre los nahuas del Posclásico, la deidad del fuego era representada como un personaje cuya avanzada edad no era tan evidente como la del dios viejo Huehuetéotl. El dios del fuego se caracterizaba por estar sentado en cuclillas y por llevar, hacia ambos lados de la cabeza, un tocado de plumas de un ave conocida como Xiuhtototl o “ave preciosa”. Además podía llevar una arracada roja en el labio o simplemente tener esta coloración alrededor de la boca. Por su gran parecido con las encontradas en Templo Mayor, es posible que esta figura represente a Xiuhtecuhtli.
XIPE-TOTEC (“Nuestro señor el desollado”)
Las representaciones de Xipe en el arte prehispánico del Clásico y Posclásico son muy frecuentes y, por lo general, se encuentran en el Altiplano Central y en la costa del Golfo. Esta deidad se personifica revestida con la piel de un hombre desollado después del sacrificio. Xipe es uno de los dioses más antiguos en Mesoamérica. Simbolizaba la fertilidad y renovación de las fuerzas de la naturaleza. Se cree que en México-Tenochtitlan tenía su propio tzompantli, empalizada en la que se colocaban las cabezas de los sacrificados en su honor.
VASIJAS DEL POSCLÁSICO
En esta vitrina se presentan algunos platos conocidos como “aztecas” y copas y jarras del tipo “rojo Texcoco”. También se encuentra una vasija trípode tarasca y piezas provenientes de la Mixteca, tanto de la región poblana-tlaxcalteca, como de Oaxaca.
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