COLECCIÓN DE LOS BARONES JULES Y GINA DE KOENINGSWARTER

 

“La colección ha sido escogida con amor y devoción por nosotros, grandes admiradores del arte y cultura peruanos.”

 

La admiración de los barones Gina y Jules de Koenigswarter por el arte peruano se originó en Nueva York, con el grato recuerdo que les dejó su visita a una exposición. En su juventud, Jules había estudiado en la Escuela de Minas de París, donde desarrolló el gusto por la metalurgia. A su llegada a Lima como embajador de Francia, en 1962, el recuerdo de aquella muestra lo llevó a conformar con Gina su propia colección, con piezas con tumbaga, aleación de distintos materiales modeladas por artesanos peruanos, realizadas a principios del siglo XX e inspiradas en las formas y estilos de las antiguas culturas andinas.

El nacimiento de la colección Koenigswarter fue motivado por un cumpleaños de la baronesa, que recibió como regalo de su esposo dos bellísimos vasos elaborados con la técnica mencionada, que aún conserva como un tesoro personal. Con la adquisición de cada objeto, la amplia mesa de laca negra de la embajada francesa fue adquiriendo un efecto sobrecogedor que deslumbraba a los invitados. Pedro de Osma, uno de los más grandes coleccionistas peruanos, solía evocar aquella mesa, durante una inolvidable recepción: “Después de la llegada de la embajadora de Francia y de la cena en la embajada, Perú ha salido de las sombras y brilla con todo su esplendor”.

Desde su partida de Perú, en 1967, y adondequiera que los llevaran las misiones diplomáticas y su pasión por los viajes, cada vez que regresaban a su residencia de París el pequeño museo privado estaba allí para deleite y asombro de visitantes y amigos.

A su muerte, Jules de Koenigswarter heredó la colección a su esposa, con el deseo de que algún día fuera exhibida públicamente en su memoria.

 

 

El oro de Perú ayer y hoy

El trabajo metalúrgico en el Perú antiguo tuvo un desarrollo único e independiente de otras culturas, con una tradición de tres mil quinientos años en los Andes centrales. Desde esas épocas tempranas comenzó el desarrollo de técnicas como el repujado, martillado, dorado, grabado, y de procesos tan refinados y complejos como la filigrana y la cera perdida. En el caso del oro, un metal maleable y dúctil, la dureza se lograba mediante su aleación con otros metales.

Inspirados en la herencia prehispánica, los orfebres peruanos del siglo XX conservaron esa sabiduría inmemorial para darle vida a los objetos de oro de la colección Koenigswarter, elaborados con aleaciones de plata y pequeños porcentajes de cobre. Vasos, estatuillas, máscaras, orejeras, cetros y los cuchillos ceremoniales conocidos como “tumis”, entre otros, atrapan en sus formas y motivos la esencia de culturas como la chavín, mochica, chimú e inca.

 

 

La joven Gina

Gina de Koenigswarter nació en Rouen, Francia, en 1917. Durante sus años en el liceo, en el que recibió una formación laica y, como ella misma re- cuerda, avant-garde, tuvo como profesora a Simone de Beauvoir, de quien atestiguó sus reuniones con Jean-Paul Sartre cuando el filósofo viajaba desde París para encontrarla en un hotel frente a la pastelería Gros Horloge, donde los jóvenes, entre ellos Gina, solían reunirse.

Al concluir el liceo viajó a París como estudiante del Instituto de Arqueología. En la Ciudad Luz frecuentó el Barrio Latino y el teatro l’Odeón, en cuyo escenario las obras de Jean Giraudoux causaban furor. Su primer matrimonio con un diplomático la llevaría a Japón en una estancia corta, interrumpida por la guerra de Manchuria. Entonces su marido fue destinado a México como agregado cultural. Como en aquellos años la travesía entre continentes sólo era posible en barco, Gina descubrió el Nuevo Mundo por el puerto de Veracruz.

 

 

La baronesa de Koenigswarter

Despúes de casi 20 años de residencia en México, Gina emigró a Nueva York donde se reencontró con el Barón Jules de Koeningwarter a quien había conocido en México cuando él fue consejero de la Embajada Francesa.

En marzo de 1956 Gina y Jules contrajeron matrimonio en Nueva York. Entonces comenzó un periodo de felicidad que duraría cuatro décadas, hasta la muerte del barón, en 1995. Tras las nupcias, el matrimonio se trasladó a París y posteriormente a Indonesia donde vivieran por dos años y medio.

En 1962, durante el segundo periodo de Manuel Prado como presidente de Perú, la pareja fue enviada a Lima en una nueva misión diplomática. Allí transcurrirían “cinco años en un país de ensueño”. A partir de ese momento, los barones inician su colección de piezas de arte peruano.

 

 

 

Un amor aúreo

Cuando la salud de Jules se deterioró, Gina permaneció inquebrantable a su lado. Unas semanas antes de su muerte, el barón de Koenigswarter la tomó de las manos para recordarle que, por encima de todo, ella siempre fue el tesoro que más había amado.

Indudablemente, la colección de piezas de arte popular peruano de los barones de Koenigswarter es un vivo ejemplo de profundo amor que se tuvieron Gina y Jules al compartir durante más de cuarenta años el gusto y la pasión por estos tesoros sudamericanos.